¿Por qué a las lesbianas nos importa el acceso al aborto?

El 28 de septiembre 2019, Día de Acción Global por un aborto legal y seguro, organizaciones de la Marea Verde en México convocaron a feministas a reunirse en el centro histórico de la capital. Estábamos extremadamente cerca de una iglesia, por lo que grupos conservadores supusieron que la íbamos a vandalizar: vinieron a hacer una cadena humana frente a ella. Toda la mañana estuvieron rezando con pañuelos azules y algunos rosarios, tratando de contrarrestar nuestras consignas (claro, un artículo en aciprensa sugirió que estábamos rindiendo culto a Satanás). Mi (entonces) novia y yo decidimos besarnos ante dicho público, y subimos una foto a Twitter. Llovieron comentarios misóginos y lesbofóbicos, pero me llamaron particularmente la atención aquellos que preguntaban ¿y a nosotras qué nos importa?

1. Porque nos concierne (al menos a la mayoría)

Muchas lesbianas tenemos la posibilidad de embarazarnos y de no querer llevar ese embarazo a término. No todas: ya sea por la etapa de vida en la que nos encontramos (quizá aún no alcanzamos la pubertad o ya atravesamos la menopausia), o porque somos “infértiles” debido a alguna condición de salud, o porque no tenemos los órganos necesarios (sea porque fueron removidos durante alguna operación o porque nacimos sin ellos).

Pero si somos lesbianas ¿en qué momento acabaríamos embarazadas, “si no tenemos sexo con hombres”? Bueno, es más complicado que lo que nos ofrecen las visiones tradicionales sobre el tema. El caso más fácil de imaginar es el de los embarazos producto de violación. Las lesbianas no estamos para nada a salvo de ellos; al contrario, precisamente por nuestra identidad corremos riesgo de vivir un tipo de violación específico, las violaciones “correctivas”, donde se pretende “quitarnos lo lesbianas” (como si fuera posible y esto no resultara en una violación de nuestros derechos humanos). Sin embargo, cabe destacar que la NOM-046 establece que todo embarazo por violación debe poder ser interrumpido por servicios públicos de salud en todo México bajo solicitud de las víctimas. En la realidad esta norma no siempre se aplica como debería, pero existe.

Otra situación que llevaría a lesbianas a embarazarse es relativa a nuestra identidad como lesbianas. ¿Qué hace de una mujer tal? ¿Desear a otras mujeres y a ninguna persona de otro género de cierta manera? ¿Tener relaciones sexo-afectivas exclusivamente con mujeres? Estos límites no son incuestionables. La socióloga francesa Natacha Chetcuti hace, en este sentido, una elección interesante al titular su libro “Decirse lesbiana” (Se dire lesbienne2013), pues durante su investigación, en lugar de partir de una definición sobre lo que es ser lesbiana e interrogar a una serie de mujeres que entren bajo ese criterio, más bien entrevista a muchas mujeres que se auto-denominan lesbianas, y nos revela aspectos de sus vidas sexuales y románticas. Varias de las entrevistadas han tenido sexo con hombres — algunas hasta continúan teniéndolo de vez en cuando. Tenemos los casos de aquellas que consideran que eran lesbianas “sin saberlo o reconocerlo” y que mantuvieron relaciones heterosexuales durante cierto tiempo. Pero también hay casos de algunas pocas que tienen sexo con hombres exclusivamente por la dimensión carnal, y que recurren a él aún identificándose como lesbianas, pues no establecen una conexión emocional con ellos.

Entonces sí, las lesbianas podemos embarazarnos y podemos querer abortar. Pero reconozco que habemos muchas –como yo– que nunca hemos siquiera tenido miedo de esa posibilidad. ¿A qué vamos entonces?

2. Por sororidad y simple empatía con otras mujeres*

Nunca he temido embarazarme, pero mis amigas sí han tenido embarazos no deseados. Y han abortado. Y me alegra que hayan podido hacerlo en condiciones de gran seguridad y tranquilidad, al estar en territorios donde es legal. Los abortos clandestinos también pueden ser llevados a cabo en seguridad, pero legalizar la interrupción del embarazo aumenta el número de abortos seguros. Aumenta el número de mujeres vivas. Y no olvidemos que no despenalizar y legalizar afecta principalmente a las mujeres de bajos recursos: aquellas que no viven en la CDMX (o, ahora, ¡Oaxaca! ¡Wuu!) y que no se pueden costear el viaje y la eventual estancia, y/o que no puedan pagar un procedimiento otorgado por un centro de salud privado, porque los públicos se niegan por alguna razón a hacerlo.

Me importan mis hermanas*, aunque no sean consanguíneas, aunque no las conozca. Me importa que sus maternidades sean deseadas. Me importa que no corran riesgos, que no tengan miedo y que no vivan estigma por querer abortar. Me importa que lleven vidas felices con el mayor margen de decisión posible sobre sus cuerpos, sus actividades y sus configuraciones familiares. Porque me parece que está de la patada darle menos importancia a todo eso que a una bolita de células que no puede sentir ni pensar ni sobrevivir por su cuenta. No es como que no haya un montón de abortos espontáneos que las mujeres pueden tener sin siquiera darse cuenta, como cuando los confunden por una menstruación común y corriente.

Tampoco se trata de una cuestión de “vida”, porque si realmente le importara eso a la “Ola Celeste”, me parece que estaría más preocupada por lo que ocurre con los seres que nacen, empezando por los humanos por supuesto, pero por qué no, podrían preocuparse también por los otros seres vivos como los animales, que estoy segura que la mayoría se come sin la menor culpa.

Nótese que pongo algunos asteriscos en “mujeres” y “hermanas” y hablo al femenino, pero cabe señalar que no son sólo las mujeres las que se pueden embarazar y abortar. Muchos hombres trans y personas no-binarias también tienen la capacidad de gestar, e igual hay que pensar en ellxs cuando se aborda este tema.

3. Por principio

Porque toda persona debería de poder decidir sobre su cuerpo y su vida — y no, los fetos no son personas, pero quienes los gestarían sí. Imponer un proceso como el embarazo, el cual es largo y físicamente demandante, que deja consecuencias en el cuerpo, que puede ser sumamente doloroso e inclusive traumático, me parece criminal. No me importan las razones por las cuales quedó embarazada la persona — y de todas formas, qué osadía “echarle la culpa”, cuando la responsabilidad de generar un embarazo no deseado recae principalmente en la persona que eyacula dentro de una vagina sin ningún tipo de barrera, o sea, en los hombres. Y qué fácil la tienen ellos para no hacerse responsables del resultado de su propio orgasmo.

¿Cuántas veces no “abortan” ellos al negarse a reconocer a sus hijxs, al negarse a cuidarles? Por ejemplo en la famosa película Roma (2018), la protagonista tiene un aborto espontáneo que de alguna forma quiso, y hay reflexiones al respecto; pero ¿qué tal los varios “abortos paternos”, como el del patán ex que se niega a reconocerse responsable del embarazo de Cleo, o el del padre de la familia acomodada que abandona a sus cuatro hijxs como si nada? Ninguna consecuencia para ellos, pero aquí seguimos, forzando a las mujeres a ser madres y a dedicarse a los cuidados sea cual sea el costo.

Las maternidades serán deseadas o no serán. Muchas lesbianas abogamos por ello por diversas razones. Y seguiremos luchando junto a nuestras hermanas hetero y bisexuales para que ese ideal se vuelva realidad en todo México y el resto del mundo. #LoVamosATirar.

Escrito por…

Sofía J. Poiré @sof_j

Coordinadora del programa de Identidad Sexual en Balance A.C., organización feminista que trabaja justicia sexual y reproductiva. Especialista en mujeres* sáficas (mujeres* que sienten atracción por otras mujeres*.

https://www.facebook.com/balance.ac/

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