La historia del baile de los 41

Baile, vestidos y aristocracia

Hoy para nosotros es de lo más normal poder ir a bailar a Zona Rosa en la Ciudad de México, o encontrar por lo menos 1 o 2 lugares LGBT en las ciudades en los que podemos ir de manera libre a mover nuestros cuerpesitos, a beber, a ligar o lo que uno quiera.

Pero si nos remontamos a la primera mitad del siglo pasado, la verdad es que esa realidad estaba muy, muy lejos, pero no así el deseo de la comunidad de salir a bailar, divertirse y enamorarse.

Históricamente no es sino hasta Salvador Novo (1904-1974) que en su libro «La estatua de Sal», el cual es una especie de memoria sexual escrita entre 1944 y 1945 habla sobre «Toña la Mamonera» quien era conocida en tiempos de Maximiliano por organizar fiestas clandestinas a finales del siglo XIX y a principios del XX, donde era la encargada de tener muchachos para la diversión de la aristocracia de la época.

«Toña» era más bien Antonio Adalid, hijo de un caballerango de Maximiliano y que de paso era ahijado de bautizo de los emperadores.

El libro de Salvador Novo por cierto fue publicado por CONACULTA hasta 1998.

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Y seguramente las fiestas clandestinas y exclusivas existían en el México de Porfírio Díaz, pero nadie escribió al respecto. No por lo menos antes del escándalo del baile de los 41.

Los hechos

Eran las 3 de la mañana del 18 de noviembre 1901 en lo que hoy conocemos como la calle Ezequiel Montes (antes calle de la paz), ante demasiado ruido y posibles quejas de los vecinos, o quizá hasta un chismoso que dio aviso a las autoridades, hizo que la policía entrara e irrumpiera en la fiesta.

Al entrar los policías notan que todos los invitados en la fiesta son hombres, pero 22 de ellos visten masculinamente y 19 más están vestidos con atuendos femeninos.

Las faldas, las pelucas y el olor a perfume se mezclan con maquillaje, zapatos, medias, abanicos y olor a tabaco.

Se cuenta que a media noche se realizó una rifa, la de un joven muy guapo con el apodo «Bigotes Rizados».

En las crónicas de los días siguientes se menciona que en la detención se encontraron a 42 personas en la fiesta.

Para el 20 de noviembre se publica una nota más oficial donde se ajusta el número a 41 detenidos…

Pero los chismes no dejan olvidar la verdad, lo que dicen las noticias se vuelve duda y los rumores no ceden.

Esa noche no eran 41, eran 42 hombres que bailaban y se divertían.

¿Y quién era el desaparecido?

Ignacio de la Torre, que era ni más ni menos que el yerno presidencial, casado con Amada Díaz la hija mayor del Presidente Porfirio Díaz.

Hay dos versiones sobre como escapó Ignacio de la Torre, una es a través de dinero que le dio a los policías en ese momento y entonces lo dejaron escapar y se fue corriendo por las azoteas de la calle.

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Y la segunda versión que asegura que sí fue aprendido, y se desató esta conversación:

– Mi general, agarramos a 42 maricones en una fiesta bailando; la mitad vestidos de hombre y la otra de mujer.

– ¿¡Y para qué me llama?! – replicó Porfirio Díaz – ¡Ya sabe qué hacer con ellos! ¡A prisión!

– Pero es que… uno de ellos es su yerno, Nacho…

Y tras una pausa Díaz ordenó: ¡Pues ya le dije! Meta a los 41 a la cárcel.

– ¡Son 42 mi general!

– 41 comandante… 41.

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Imagen: José Guadalupe Posadas

La noticia es un parte aguas ya que es la primera vez que se tiene registro que la prensa mexicana hablara sobre homosexualidad.

La noticia fue ilustrada por el después celebré Jose Guadalupe Posadas.

Al no conocerse el número exacto en la calle La Paz, en el 2001 se colocó una placa a las afueras del Centro Cultural Martí, que conmemora ese baile que es por mucho el inicio de la memoria histórica del país.

Por cierto que la lista de los participantes de aquella noche, nunca se ha dado a conocer.

Con información de: Letras Libres/Time Out/obituariolgbttti/Homocronicas

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